Sin Chile en el Mundial: el arte de torcer por Argentina y Brasil sin perder la dignidad
No hay manual que prepare al hincha chileno para ese momento: el sorteo mundialista llega, Chile queda fuera, y de pronto hay que decidir qué hacer con cuatro semanas de fútbol internacional de primer nivel. La mayoría termina, con mayor o menor resistencia, adoptando a Argentina o Brasil como equipos a los que seguir durante el torneo. Este artículo no pretende juzgar esa decisión sino ofrecer una guía honesta para vivirla con la mayor coherencia posible.
El momento en que uno acepta la realidad
Generalmente ocurre en la segunda semana del torneo. El Mundial lleva varios días de competición, las fases de grupos están en pleno desarrollo, y el hincha chileno que había prometido ver el torneo desde la distancia del observador neutral empieza a notar que los partidos de Argentina o Brasil le producen algo que no se parece en nada a la indiferencia. Le interesa quién juega de titular, le molesta un arbitraje desfavorable, celebra un gol con un entusiasmo que no esperaba tener.
Ese es el momento de aceptación. Y no hay razón para que vaya acompañado de culpa ni de una larga autoexplicación sobre por qué uno, que supuestamente rival de toda la vida con Argentina, está ahora celebrando sus goles. La respuesta es más simple y más honesta: los hinchas chilenos llevan décadas siguiendo el fútbol de estos países, conocen a sus jugadores, entienden sus sistemas de juego, y cuando llega el Mundial no pueden apagar ese conocimiento acumulado como si fuera un interruptor.
Cómo elegir sin que parezca una traición
La pregunta de si apoyar a Argentina o a Brasil en el Mundial es una traición a los colores propios merece una respuesta directa: no lo es, siempre que uno mantenga claros los límites de ese apoyo. Torcer por Argentina o Brasil en un Mundial sin Chile no implica abandonar la identidad hincha propia ni adoptar ninguna de las narrativas que acompañan a esas selecciones en sus propios países. Implica simplemente elegir un equipo al que seguir durante el torneo porque ese equipo concentra las mayores probabilidades de ofrecer algo emocionalmente interesante.
La elección entre Argentina y Brasil es personal y depende de factores que varían de persona a persona. Quienes tienen vínculos familiares, laborales o de amistad con argentinos suelen inclinarse por la albiceleste. Quienes crecieron admirando el estilo de juego brasileño —su capacidad para hacer del fútbol algo que parece más cercano al arte que al deporte— pueden sentir una atracción diferente por la verdeamarela. Ambas opciones son igualmente válidas y ninguna requiere justificación pública.
El arte de no exagerar
Hay una trampa en la que el hincha chileno puede caer cuando decide apoyar a Argentina o Brasil en el Mundial: la del exceso. Ponerse la camiseta de la albiceleste, adoptar el acento, gritar en un bar como si uno hubiera nacido en Buenos Aires. Eso no es celebrar el fútbol; es un ejercicio de simulación que tiene algo de ridículo y que el propio entorno chileno suele recibir con una combinación de burla y incomodidad.
El arte de torcer por otro equipo consiste en mantener la propia identidad intacta mientras se disfruta del espectáculo. Se puede celebrar un gol de Argentina con genuino entusiasmo sin necesitar ningún accesorio adicional que lo señale. Se puede sufrir una derrota de Brasil con verdadera decepción sin convertirse temporalmente en brasileño. El apoyo prestado no exige disfraz; exige solo honestidad sobre lo que uno siente.
Lo que el Mundial enseña cuando Chile no está
Hay algo que los hinchas chilenos que siguen los mundiales sin Roja experimentan de manera única: la libertad del observador con afecto. Porque aunque el apoyo a Argentina o Brasil sea genuino, nunca tiene la carga emocional de seguir a la propia selección. Y esa diferencia de intensidad crea un espacio para ver el fútbol de otra manera: con más atención táctica, con más capacidad de apreciar al rival, con una distancia crítica que la presencia de Chile en el torneo no siempre permite.
Los mundiales sin la Roja son, en ese sentido, una especie de formación futbolística involuntaria. El hincha chileno aprende a ver el juego desde fuera del vórtice emocional que genera la selección propia, y eso amplía su comprensión del fútbol de maneras que no siempre se reconocen pero que sin duda influyen en cómo se sigue el fútbol en los años posteriores.
Argentina, Brasil y la identidad sudamericana del hincha chileno
Hay una última dimensión de este fenómeno que merece considerarse: lo que dice sobre la identidad futbolística del hincha chileno en el contexto regional. Chile no es una isla futbolística. Es parte de un continente que tiene su propia manera de entender el juego, sus propias tradiciones, sus propios ídolos globales. Argentina y Brasil son los representantes más visibles de esa tradición a nivel mundial.
Cuando un hincha chileno apoya a Argentina o Brasil en el Mundial, también está, a su manera, apoyando esa forma de entender el fútbol que comparte con toda América del Sur: más directa, más emocional, más impredecible y más generosa en términos de talento individual que el fútbol europeo promedio. Eso no es una posición ideológica ni una declaración de principios; es simplemente lo que resulta de haber crecido mirando el mismo fútbol y admirando a los mismos jugadores que el resto del continente.
Sin Chile en el Mundial, el hincha chileno no está huérfano. Está, simplemente, siguiendo a los primos más conocidos en una competición que también es, en algún sentido, suya.